¿Maternidad realista o derrotista?. Hay que medir las palabras.

¿Habéis oído hablar de Samanta Villar?. La famosa periodista del programa de 21 días. Se queda embarazada por un tratamiento de fertilidad con ovodonación, tiene mellizos y después… , después escribe un libro y te dice que se arrepiente de ser madre. Ole sus kiwis.

Dice frases que hacen sospechar que lo de ser madre no es lo suyo. Atención.

  • Tener hijos es perder calidad de vida.
  • Hubiera preferido ser tía. Tener sobrinos es lo mejor porque vives lo bonito de la maternidad y cuando estás hasta las narices te vas a tu casa. Tu calidad de vida sigue intacta.
  • Dice que en 6 meses no ha tenido tiempo de enviar ni un whatsaap. Vamos a ver alma de cántaro que tienes mellizos ¿qué esperabas?. ¿Tener calidad de vida para esta chica es coger el móvil, enviar whatsaap y pirarse de fiesta.?
  • Ahora soy madre y hay que apechugar. (¡¡¡ojo!!! que ella adora a sus hijos, eso dice). Es como si se arrepintiera. ¿Después de haberse sometido a un tratamiento de fertilidad ahora va y se arrepiente?. Tuvo una crisis de los 4o y dijo voy a ser madre que se me pasa el arroz o está de moda. Esto no hay por donde cogerlo.

Me pregunto que pensarán sus hijos cuando lean todo lo que dice su madre. Vale, ha escrito un libro y crear polémica es la solución más rápida de venderlo. Pero todo no vale.

Lo que te hace perder calidad de vida, no es tener hijos. Lo que te hace perder esa calidad de vida, es criar en un país donde te exigen ser la misma persona de antes de tener hijos. En un país donde no entienden el significado de la palabra conciliación y donde sencillamente las familias son un cero a la izquierda. Y voy a dejar este temita porque me enervo cuando entro en politiqueo y en maneras de pensar de muchos ciudadanos antifamilias y antiniños. Samanta Villar, te voy a contar una historia. Mi historia.


Me quedé embarazada de sorpresa y de forma natural. No he tenido que pasar por ningún tratamiento de fertilidad como muchas otras familias y futuros padres. Me parece increíble que después de todo a lo que te sometiste nos vengas con estas palabras. Que falta de tacto y de respeto por tu parte.

Mi embarazo no fue buscado, me costó mucho asimilar que estaba embarazada por el shock del momento. Me enteré que estaba embarazada a las 20 semanas y claro eso no te lo esperas y te descoloca. Tenía ovarios poliquísticos. Me habían dicho que cuando decidiera tener hijos a lo mejor me costaría y tendría que someterme a un tratamiento de fertilidad, que no lo dejara pasar. A más edad más probabilidades habría de que un embarazo no fuera viable de forma natural. Por las circunstancias del momento y de la vida poco a poco me hice a la idea de que no sería madre y con ese poder de autoconvicción, era feliz.

Lo que me hubiera perdido sino hubiese venido esta sorpresa… Lo mejor de mi vida, mi peque. Tanto es así que me gustaría darle un hermanito/a. Si la maternidad fuera tan mala nadie repetiría o sentiría las ganas de repetir.

Nosotros no tenemos ayuda de ningún tipo para cuidar al peque, ya que vivimos lejos. El “proyecto de conciliación” que plantea nuestro país, en nuestro caso no es posible. Los abuelos no están cerca, viven a 3000km de distancia con un océano de por medio. Tampoco tenemos derecho a ayudas del estado y practicamente estamos solos como miles de familias españolas.

¿Pierdo calidad de vida?. No, lo que pierdo es la oportunidad de un trabajo. Me veo obligada a renunciar a demasiadas cosas o a condicionar mi vida familiar. Pero eso no es culpa de tener hijos, eso es culpa de un sistema nefasto. ¿Sabes cuando pierdo calidad de vida?. Cuando trabajo 40 horas semanales (en el mejor de los casos) por un sueldo de menos de 1000 euros e invierto el 90% del sueldo en otras personas para que cuiden de mi hijo. Y en este ejemplo solo me ciño a lo económico porque hablar de lo emocional sería demasiado extenso.

Y ahora te voy a contar algo muy muy personal. Esas palabras me recuerdan una cicatriz del alma, una cicatriz que un día fue una herida abierta, cerró de aquella manera y es la que marca y está marcando mi maternidad. Una cicatriz que ha hecho que hoy en día entienda menos de lo que creía entender. La que hace que cada día de mi vida tenga miedo de ser algo que no quiero ser. Una herida que un día fue provocada por la persona que menos me esperaba.

Un día me dijeron: Ojalá hubiera cerrado las piernas para que no nacieras. Y no hubiese llegado a ser herida si solo se hubiese dicho un día, pero se repitió muchas veces a lo largo de mi vida. También se repitieron otras frases del tipo tú para mi no existes, o llegar a echar en cara que te cuidaron hasta el punto de pensar que les debes algo, etc etc etc.

Pueden ser palabras dichas en un estado de enfado. Pero aunque estés enfadado como dice Sakespeare, tienes derecho a tener rabia pero no a ser cruel. Sino buscas hacer daño y lo dices de forma inconsciente, no se convierte en una repetición constante cada vez que alcanzas ese estado de enfado. Lo cual todo lleva a pensar que emocionalmente y de forma muy interior se vivió una maternidad derrotista. De todas maneras el simple hecho de decir esas frases o pensarlas una vez, ya duelen lo suficiente como para dejar marca.

Lo peor es que la gente no quiera entender una relación cordial y practicamente te obliguen a tener un vínculo que no existe con esas personas que son sangre de tu sangre. No entienden que el rencor no existe, por más que lo digas no se lo creen. Los hijos pagan una frustración que nada tiene que ver con ellos y tienen que vivir con ello, pero eso no es rencor. Simplemente los sentimientos se apagan y pierden su esencia poco a poco.

En ese momento en que lo único que existe es pena e indiferencia, en ese mismo instante, tú te conviertes en la mala. Lo difícil es entender el significado de una cicatriz. Lo difícil es aprender a convivir con ella. A veces se requiere ayuda, pero aún así es duro convivir con una cicatriz que no te hubiese gustado tener y que no elegiste tener. Tener hijos sin embargo sí es una elección. Vuelvo a decir una frase de Shakespeare. Se necesita mucho tiempo para construir confianza y tan solo unos segundos para destruirla. Con la maternidad practicamente esa confianza es regalada. Quizás por eso muchos no lo valoran.

Y esta es mi historia muy resumida. No entiendo ni entenderé las palabras de Samanta está claro que ella ha tenido una “infancia idílica”, porque sino se lo pensaría 2 veces.


Una maternidad derrotista es la que veo que tiene Samanta Villar. Si realmente dice en serio esas palabras y no son para vender un libro, sus hijos no se sentirán muy contentos el día de mañana cuando lo lean. Justificar esa negatividad y arrepentimiento de tener hijos bajo el concepto de una maternidad realista o la excusa de nos engañan con una maternidad idílica, es ser un poco cínica. E incluso si lo ha dicho para crear polémica y vender su libro me parece una decisión muy poco acertada y muy poco meditada.

La maternidad no nos la venden idílica, lo que pasa es que cada una ve, lee y se queda con lo que le interesa. Si te fijas en las famosas obviamente te parecerá pan comido. Pero vamos a ver, ellas tienen niñeras, dinero y recursos más que suficientes como para vivir una maternidad más despreocupada, (“idílica” para algunas mujeres). Pero la maternidad precisamente no es estar despreocupada. Si piensas en la maternidad y esperas que no cambie nada de tu vida, mejor no tener hijos. Así de simple.

Parece que lo que se lleva ahora es hablar de una maternidad realista, pero siendo realista. ¿Es que acaso no se hacía ya?. Parece que vivimos en los mundos de Yupi o nos borran la memoria durante los 9 meses de embarazo.

A mi la primera frase que me dijeron es… Aprovecha ahora para dormir. Vamos ya me estaban avisando que me olvidara de dormir 8 horas una vez naciera mi hijo. Como este tipo de comentarios más. También me decían que es lo más maravilloso, que vale la pena, y todo lo demás. Todo esto sin contar todo lo que vemos antes de ser padres. Rabietas en supermercados y caras de padres desesperados, o un niño perdido en el Carrefour, etc.

Hay que medir las palabras porque si llegan al alma dolerán toda la vida. Duele más que el agotamiento, la falta de vida social, o el hundimiento moral de decir “no puedo más”. Porque todo eso es pasajero. Ocurre durante un tiempo tan corto que cuando menos te des cuenta el silencio invadirá tu casa. Volverás a tu vida normal (un poco más vieja eso sí). Pero lo echarás de menos.

Echarás de menos las duchas de 5 minutos, las 3 horas para prepararte tú y todos los miembros de la familia para ir al pediatra. El dolor de espalda por cogerles en brazos (dolor que te ahorras con un buen portabebé ergonómico). Esos madrugones de Domingo con 2 monigotes saltando en tu cama, esas noches de perrito guardián porque tienen fiebre… etc. Lo verás tan ridículo todo que te arrepentirás de haber vivido la maternidad de una forma tan negativa.

Tienes la capacidad de decidir si quieres una maternidad positiva o negativa, optimista o derrotista. En algunos comentarios twitteros he leído madres que la defienden diciendo que dice lo que muchas pensamos. Pues va a ser que no. Va a ser que solo lo piensan unas pocas y las que lo piensas realmente no se han parado a pensar en el significado de sus palabras. No se han parado a pensar en que sentiría un hijo si las oye o las lee.

Sí, la maternidad es dura, no es fácil y tiene muchas cosas malas. También es maravillosa y está llena de cosas buenas, momentazos únicos. Cómo cuando tu hijo te caga encima. La calidad de vida no se pierde, SE TRANSFORMA. Solo alguien preparado al cambio se sincroniza con esa transformación. Mucho cuidado con lo que se dice o piensa, porque las palabras que llegan al alma dolerán toda la vida.

Me quedó un poquito extenso el post de hoy pero realmente era algo que sentí con muchas ganas de exteriorizar. Hablar en nombre de esa maternidad realista que todas quieren oír. Aquí tienes esa dosis de realidad que necesitabas. Y si te gusta,ya sabes compártelo, déjame un comentario me hace mucha ilusión leerte.

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6 thoughts on “¿Maternidad realista o derrotista?. Hay que medir las palabras.

  1. Coincido contigo en que la calidad de vida se ve mermada por no poder conciliar vida laboral y familiar, y más estando tan lejos de la familia ( como también fue nuestro caso). Un post muy emotivo y realista, me ha encantado leerlo.
    Un abrazo
    Alicia.

  2. no soy madre … poco puedo decir. lo que si sé es que hoy en dia ser madre es una eleccion,puedes elegir.. el problema es cuando utilizas la maternidad para manipular tu vida y la de los demas ,por ejemplo. el miedo al que diran si decides no seguir adelante , el haber abierto las piernas sin pensarte dos veces lo qur viene despues , el hijo que ata al payaso que no te quiere para que no se vaya …mil historias que hacen que mas tarde sueltes burradas como la señorita ilustrada: samanta villar . que me digan una sola cosa ,una sola … que sea coser y cantar,un camino de rosas sin una sola espina. que es de la noche sin el dia ? todo ,absolutamente todo tiene un lado menos agradable pero … siempre loncompensa la cara amable de la circunstancia y si no .. que me lo digan todas esas madres que deciden por segunda vez , perder calidad de vida . Que frios nos estamos volviendo los adultos .

    • Tienes toda la razón. Además parece mentira que siendo periodista de “investigación” no se haya parado a investigar sobre lo que es realmente la maternidad hasta el punto de decir esas palabras tan duras. Nadie prohíbe a nadie quejarse pero hay maneras y maneras de hacerlo y desde luego no de una forma tan destructiva hacia los hijos o la crianza de hijos. Si quiere ser portavoz de algo debería serlo de las mujeres que tienen depresión post parto. En mi opinión creo que de eso se habla poco y aún es terreno desconocido e incomprendido. Sinceramente espero que esas duras palabras sean fruto de una depresión post parto y no de una estrategia para vender su libro porque entonces si estaríamos hablando de frialdad en toda regla.

  3. pues vaya depresion post parto que le deja espacio para escribir un libro … esta claro que no es oro todo lo que reluce y al final se acaban vendiendo.

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