Crianza

El síndrome del emperador. 8 consejos para evitarlo.

Síndrome del niño tirano

El síndrome del emperador lo suelen padecer principalmente los hijos únicos, hijos de padres sobreprotectores. Niños con padres que se están separando o están divorciados y los adultos no llevan esa separación al margen del niño. A veces también lo activa los celos, con la llegada de un nuevo miembro en la familia, donde pasan a un segundo plano cuando estaban acostumbrados a ser el centro de atención. Se dice que un niño tiene el síndrome del emperador, a un niño que se comporta como un tirano.

Y dirás, tirano, que palabra más fea para un niño. No soy partidaria de las etiquetas por eso he preferido llamarlo por lo que es menos conocido. Un síndrome.

¿Cómo puedes saber si tu hijo o hija tiene el síndrome del emperador?

Responde las siguientes preguntas, si las respuestas son afirmativas en su mayoría, entonces tienes un niño con ese síndrome.

  • ¿No acepta un no por respuesta?.
  • ¿Es él quién manda en casa?.
  • ¿Quiere satisfacer todas sus necesidades al momento?.
  • ¿Le cuesta ponerse en el lugar de los demás?.
  • ¿Es impulsivo o mentiroso?.

Los peques con síndrome del emperador suelen manipular. Se rigen por el primero yo y después yo.

Te acabas de dar cuenta de que es posible que tu hijo o hija sea un poquito emperador… No te preocupes que hay solución. También se puede evitar o al menos intentarlo.

  1. Lo importante es detectarlo cuanto antes, de esta forma podemos tomar medidas y costará menos que el niño o la niña se adapten a la nueva situación y a los nuevos cambios. No es el momento de preguntarse en que hemos fallado. Es el momento de actuar y hay que tener en cuenta que quizás no esté muy receptivo a esos cambios, por tanto hay que tener mucha paciencia o empeoraremos la situación.
  2. No ignorar el problema, ni esconderlo o evitarlo. Que no se hable o no se quiera creer no significa que el problema no existe. El problema está ahí delante de nuestros ojos y como ya he mencionado antes hay que actuar.
  3. Hay que poner normas y reglas donde no las había. Tal vez dábamos por hecho que no era necesario ponerlas o se nos pasó por alto con todo el ajetreo de la vida diaria y los días fueron pasando hasta ser el niño quien marcaba sus reglas, en vez de nosotros.
  4. Tenemos que ser firmes y seguros con nuestras decisiones. No ceder. Si le hemos dicho que no se va comer una bolsa de patatas, no se la compraremos. En su lugar le daremos una explicación de por qué no es posible hacer o comprar lo que pide. El por qué no o el porque lo digo yo y punto, no debe ser la respuesta, eso no ayudará, más bien complicará todo un poco más. Pongámonos en su lugar, siempre hay una explicación lógica y con sentido común que seguro es capaz de comprender.
  5. No debemos gritar, amenazar o chantajear. Si perdemos la paciencia nos estaríamos poniendo a su altura. El chantaje solo servirá para que conozca otra técnica de manipulación. Si nosotros amenazamos chantajeamos o gritamos no podemos decirle a él que no lo haga. No estaríamos siendo coherentes con lo que exigimos si nosotros lo hacemos.
  6. Si sigue con esa actitud no le haremos caso. Ojo, debemos hacerle saber que estamos ahí pero que antes debe calmarse. Mientras tanto esperaremos a que se le pase estando presente pero sin prestarle atención a ese tipo de actitud. Poco a poco irá entendiendo que la forma de que le hagan caso es teniendo una actitud más respetuosa.
  7. Poner unas rutinas y tareas diarias que pueda realizar el mismo. Podemos poner una pizarrita en la nevera e ir marcando con un imán las tareas realizadas. Incluso podemos hacer que sea él quien las ponga (bajo vigilancia, recordemos que son niños que suelen manipular o mentir, así que el principio será duro).
  8. Refuerzo positivo. Si hace algo bien, hay que hacérselo saber con un abrazo, un gesto de cariño o un “Sabía que podías actúar así”, “Me encanta verte hacer esto“, por ejemplo. Evitemos el muy bien para que no busque nuestra aprobación o nuestro agrado en cada gesto que haga. Pero si se nos escapa, no pasa nada, simplemente intentar no abusar del “muy bien“.

Si creemos que la situación se ha descontrolado, que nos supera o se nos viene grande, siempre acudir a un psicólogo o psicopedagogo especialista en estos casos. De esta forma obtendremos las herramientas necesarias de forma más acertada y profesional para enfrentarnos y superar el problema familiar.

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